¿Porqué cambió la Política Exterior Colombiana hacia Venezuela con la llegada de Santos al poder?

Marianny Rosado

descarga (1)Para contestar a esta pregunta habría que preguntarse primero si en realidad hubo tal cambio. La respuesta es sí. Efectivamente, con la llegada de Juan Manuel Santos a la Casa de Nariño, la Política Exterior de Colombia con relación a Venezuela ha observado un giro de 180 grados… a la derecha.

El restablecimiento del diálogo entre los gobiernos de Colombia y Venezuela, tras el rompimiento hacia el final del período presidencial del gobierno de Álvaro Uribe y la tirantez en las relaciones que siguió hasta la instalación del gobierno de Santos en 2010, no es más que un cambio en la táctica. La Política Exterior de Colombia hacia Venezuela, forma parte de una estrategia-país sin variación histórica, que la conduce a idénticos destinos, vale decir, que tributa a los mismos objetivos impuestos por las clases dominantes colombianas, por encima de las aspiraciones de los movimientos de izquierda de ese país. Los gobiernos de derecha que detentan el poder en Colombia, transitan muy lejos del proceso de cambio que un significativo y creciente número de países en América Latina experimenta, evidenciado en el incremento de los movimientos sociales, los nuevos gobiernos de izquierda, las alianzas regionales y las posturas de bloque asumidas por ellos. En este sentido la Política Exterior como tal no ha cambiado, se reacomoda para obtener mejores resultados dentro de la misma estrategia.

Entre naciones tan íntimamente ligadas, como lo son Colombia y Venezuela, que comparten 2.219 km de fronteras permeadas de una misma música, una misma arepa, una misma geografía, sembrada de intervención armada, narcotráfico y separatismo, la convivencia es un bien preciado que se hace imprescindible frente a los cambios mundiales, donde ya no basta con pertenecer a un bloque de poder, sino que de ello depende la supervivencia cifrada en la capacidad de las naciones para entenderse aún con sus diferencias.

En este documento analizamos estos planteamientos en 3 partes: I.- La Política Exterior Colombiana hacia Venezuela: ¿dónde se teje la “pacificación”?, II.- Los desafíos que se evidencian en el discurso de los afectados a ambas caras de la moneda y III.- Los escenarios probables, a los que se suman unas Conclusiones al final.

La Política Exterior Colombiana hacia Venezuela ¿dónde se teje la “pacificación”?:

Luego del deterioro sufrido en las relaciones exteriores entre Colombia y Venezuela en el 2010 bajo el gobierno de Álvaro Uribe, el ascenso de Juan Manuel Santos al poder, significó un giro en la política exterior de Colombia hacia Venezuela, con su llegada a la presidencia de aquel país. De ninguna manera serán la personalidad, la identidad, los rasgos personales, la voluntad, ni siquiera el deseo del presidente colombiano, lo que va a determinar este giro.

Desde la muerte de Gaitán, el papel de Colombia en América Latina se fraguó para ocupar el sitio del narco-Estado del Consorcio, en un juego de división, fragmentación territorial mediante conflicto limítrofe sostenido en el tiempo, control de recursos naturales, ablandamiento y desmilitarización de la frontera, desarme, desmovilización y deterioro de la Fuerza Armada Venezolana, penetración cultural, paramilitarismo, sicariato, desplazados políticos e inmigración furtiva.

Los actores protagonistas de esta historia son el presidente Santos y su grupo de poder representado en la burguesía transnacional, el ex-presidente Uribe y su grupo de poder representado en la burguesía ganadera, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo (FARC-EP), el Departamento de Estado de los EEUU, el presidente Hugo Chávez y el Canciller Nicolás Maduro, por una parte, y por la otra, la Organización de Estados Americanos, el ALCA, el Fondo Monetario Internacional y hasta el Ejercito de Liberación Nacional (ELN) que quedaron para actores de reparto.

Cabe preguntarse ¿Qué es la FARC-EP para Colombia? ¿Los cambios políticos y sociales en Colombia surgirán de la superación del conflicto armado? ¿Qué es la FARC-EP para Venezuela? ¿Qué es la FARC-EP en el modelo expansionista anglosajón? ¿Qué significa una pacificación en Colombia para Venezuela? ¿Cuál es el papel del Departamento de Estado de los EEUU en cuanto se refiere a la política exterior de Colombia hacia Venezuela?.

En la perspectiva de Venezuela, un discurso de conciliación nacional, paz, desarme, liberación de rehenes y amnistía para la guerrilla, no es suficiente para enmascarar las verdaderas intenciones que se ciernen detrás de la aparente insostenibilidad de unas relaciones tirantes entre ambos países, ni para negar que esta “pacificación”, así como está planteada por la derecha, no le conviene a Venezuela.

La línea de conducta en las administraciones colombianas después de Gaitán, han sido históricamente sumisas a los intereses de los EEUU, la prueba más reciente de ello son las siete bases militares asesinas con alcance subcontinental que se siembran en territorio colombiano para amenazar a las naciones bolivarianas y a las pujantes potencias meridionales. Predomina entonces el modelo colonial en la política exterior colombiana y en ese modelo los procesos de transformación de América Latina presentes en las gestiones de Chávez, Correa y Morales al frente de gobiernos revolucionarios, encarnan el fantasma del comunismo y son objeto de combate por quienes ha puesto en el poder en Colombia desde el Departamento de Estado de los EEUU hasta la CIA. Este es el papel del Departamento de Estado de los EEUU en cuanto se refiere a la política exterior de Colombia hacia Venezuela

Las inversiones realizadas por EEUU en toda la extensidad de la zona fronteriza entre Colombia y Venezuela, están orientadas a desmilitarizar, ablandar, transculturizar, penetrar con movimientos separatistas, asolar con terrorismo y amenazar constantemente a Venezuela creando caos para alimentar la creación de un casus belis, donde la FARC-EP es el pretexto perfecto para invadir y lograr posiciones de control territorial con presencia militar, industrial y de control del negocio del narcotráfico. Esto es la FARC-EP en el modelo expansionista anglosajón: el garante de la balcanización de la América Latina, lo que no se esperaba era que el desenlace de esta posición resultara tan costosa, indeseable e inoportuna para Colombia en el nuevo contexto internacional -y no nuevo porque fuera otro, sino nuevo por cambiante y dinámico, pragmático y material, competido por bloques y lleno de alianzas estratégicas demoledoras de tradiciones, egos, nacionalismos, orgullos nacionales e identidades del capital con naciones poderosas-.

Los desafíos que se evidencian en el discurso de los afectados a ambas caras de la moneda:

¿Qué es la FARC-EP para Colombia? Para el latifundismo ganadero y agrario -cuyo brazo armado es el paramilitarismo- representado en Uribe, la FARC-EP es una organización armada que sostiene la pretensión de tomarse el poder por las armas, debilitada por el fracaso en su intento, constituida por narcotraficantes y terroristas que pretenden legitimar capitales sucios y propiedades de tierras usurpadas, que practica el lavado de dinero y aspira con la pacificación a la absoluta impunidad de sus crímenes. La decisión de este gremio de no asistir al Foro sobre Política de Desarrollo Agrario Integral convocado por la ONU a finales de 2012, en conjunto con el Centro de Pensamiento y Seguimiento al Proceso de Paz de la Universidad Nacional de Colombia, luce como una evidencia del distanciamiento de este gremio del gobierno de Santos.

Mientras que para la burguesía transnacionalizada representada en Santos, las FARC-EP son bandidos, narcotraficantes y terroristas. Este grupo de poder persigue los negocios que están a la vista: minería, energía, etanol, biodiesel y todo lo relacionado con la agro-exportación. Esta clase persigue negocios con elevada tasa de ganancia por la vía de reducir significativamente la renta de la tierra o apropiársela y de crear el espacio para que nuevos medios de producción bajo su control dominen el ámbito productivo colombiano. Esta es una de las razones por las que se enfrenta a los latifundistas ganaderos.

A ambas clases de naturaleza oligárquica, les resulta perjudicial un avance democrático, donde el pueblo tome el control del país y su economía, así como están interesadas en el terrorismo como mecanismo para mantenerse en el poder, con la diferencia de que la burguesía transnacionalizada obtiene mejores beneficios de un proceso de pacificación, en cuanto esto sería un mensaje claro de bienvenida al capital transnacional.

Una pacificación en los términos planteados por el gobierno de Colombia -y planificados por EEUU- representa para Venezuela la ejecución práctica de la amenaza histórica de EEUU sobre Venezuela, representaría una declaratoria de guerra encubierta, no sólo militar gracias al poder de fuego instalado en las bases estadounidenses en territorio colombiano, sino también:

Económica que plagaría de miseria la zona fronteriza como ya está hecho en México con las tristes y lamentables consecuencias de los Tratados de Libre Comercio;

Ecológica por vía de la intervención bacteriológica so pretexto de la lucha contra el narcotráfico, con potenciales consecuencias para las aguas dulces de la cuenca hidrográfica transfronteriza y el consecuente deterioro ambiental producto de las actividades antrópicas seguramente excesivas que todo este proceso acarrearía;

Humana en franco deterioro de las condiciones de vida de las personas que trabajan en las zonas transfronterizas prácticamente presos de sus patronos, inmigrantes ilegales sometidos y explotados, resultan en miserables seres humanos que se venden por cada vez menos monedas a los grandes “empresarios”.

Evidentemente se trataría de una completa crisis creada deliberadamente por estos capitales transnacionales que para nada son anónimos, muy por el contrario tienen el sello inconfundible de los factores de poder mundiales en su esfuerzo por restituir derechos reales y nobiliarios, en las antiguas colonias.

Para las FARC-EP, la cual es una organización altamente politizada, la paz se alcanzará con la erradicación del hambre, la desigualdad y la pobreza agraria y la democratización de las relaciones urbano-rurales, este planteamiento atenta contra los intereses de las oligarquías latifundista y transnacionalizada de Colombia.

Los escenarios probables:

Una oferta electoral para el próximo año 2014, cuando se avecina la elección de un nuevo presidente, que muestre un candidato democrático y popular podría ser un beneficio a mediano plazo que les aliente a apoyar las conversaciones de paz, sin embargo, este escenario es el menos probable. Evidentemente los otros escenarios probables serían el ascenso de Uribe y su equipo político con un nuevo candidato y a Uribe como senador apoyándolo desde adentro y por supuesto el rompimiento de las conversaciones más la imposición por la fuerza de la clase latifundista ganadera, reaccionaria, apoyada estrechamente por el paramilitarismo y que cuenta con el apoyo de EEUU; por una parte y por la otra una dilación en las negociaciones que juegue a favor de Santos para acercarlo a la reelección en el 2014. En todos los escenarios, hay desventajas para las FARC-EP.

Las FARC-EP han declarado que la justicia que exigen y esperan le pertenece al pueblo colombiano. Lograr consolidar esta propuesta sin una plataforma electoral para ello, es una tarea especialmente difícil y eventualmente sangrienta considerando el nivel de odio que se ha sembrado contra los movimientos guerrilleros, el exterminio sistemático a que fueron sometidos los cuadros de izquierda desde hace ya 50 años y la presencia militar de EEUU más el poder de fuego instalado de las bases norteamericanas. Adicionalmente es de esperarse que se presente anticipadamente toda la resistencia posible de los poderes establecidos, especialmente si se abandonan lo logros que este cuerpo ha alcanzado con el control de al menos el 45% de las alcaldías del medio rural en las últimas 2 décadas.

Se ha pretendido vender la idea de que los cambios políticos y sociales en Colombia surgirán de la superación del conflicto armado, pero siempre que la solución implique el posicionamiento de EEUU en mejores encuadres territoriales y económicos. Por esta razón, en su reunión con Obama del año 2011, Santos envió un mensaje de distanciamiento de la intervención de EEUU en las relaciones colombo-venezolanas, que generara confianza en Venezuela para restituir unas mejores relaciones entre ambos países, ya sin la presión de EEUU.

Por otra parte, esto también permitiría abrir las conversaciones de paz con las guerrillas y al mismo tiempo enviar un mensaje alentador al capital transnacional. Esta estrategia luce como una propuesta de relación ganar-ganar propia del discurso de la Tercera Vía.

En la visión de las FARC-EP, los “requerimientos indispensables en el camino hacia la paz”1 se centran en un discurso de democratización, desarrollo, reordenamiento político de la sociedad y armonización de las relaciones urbano-rurales. Sus delegados en La Habana han presentado un cuerpo de diez propuestas para la paz, que parecen más un plan de gobierno que unas condiciones para la pacificación. Con más detalle, en las notas tomadas del portal web del Partido Comunista de Colombia, aparecen los siguientes puntos:

“Reforma rural y agraria integral, socioambiental, democrática y participativa, con enfoque territorial;

Erradicación del hambre, la desigualdad y la pobreza de los pobladores rurales, y compromiso con el mejoramiento de sus condiciones de vida y de trabajo, mediante el acceso y disfrute efectivo de sus derechos políticos, económicos, sociales y culturales;

Construcción de una nueva ruralidad basada en la democratización de las relaciones urbano-rurales, y en el principio de la justicia territorial;

Ordenamiento social y ambiental, democrático y participativo del territorio, del derecho al agua y de los usos de la tierra;

Garantía de acceso real y efectivo y disfrute del derecho a los bienes comunes de la tierra y el territorio;

Reconocimiento de los territorios colectivos y las territorialidades de los pueblos indígenas, de las comunidades afro-descendientes, raizales y palenqueras;

Reconocimiento y definición de los territorios y las territorialidades campesinas, incluidos los derechos de las comunidades campesinas y la dignificación y el reconocimiento político del campesinado;

Compromiso con la soberanía alimentaria mediante la promoción y el estímulo a las diversas formas de producción de alimentos destinadas al cubrimiento de las necesidades nutricionales y de alimentación del pueblo colombiano;

Estímulo a la investigación y al desarrollo científico y tecnológicos. Medidas “reales y efectivas para la apropiación de la riqueza pluriétnica y multicultural del mundo rural;

Denuncia o revisión de los acuerdos y tratados y de toda regulación supranacional”2.

Entre otras demandas, igualmente importantes, del comunicado leído en el Palacio de Convenciones de La Habana por el delegado Marco León Calarcá en representación de las FARC-EP, el 19 de enero pasado, se encuentran:

La convocatoria a Asamblea Nacional Constituyente y Legislativa;

La definición precisa de medidas para evitar la especulación financiera con la tierra y las economías rurales;

La implementación de programas masivos de nutrición, alimentación y creación de empleos;

Un compromiso del gobierno con el mejoramiento de las condiciones de vida de los pobladores rurales;

El reconocimiento de las potencialidades políticas y culturales (del agro) para el desarrollo del país y el buen vivir de su población;

Medidas excepcionales para cubrir la deuda histórica política, económica, social y cultural del Estado con el campo y sus pobladores;

La desmilitarización del Estado y la sociedad colombianos y la superación de la estigmatización del campesinado3.

Por su parte, la sociedad civil colombiana también participa del proceso de paz aportando iniciativas a través del Foro de Desarrollo Agrario Integral y los Encuentros Regionales por la Paz organizados por el Congreso, así como también mantiene la comunicación con las FARC-EP. Esta participación, refleja una noción de la necesidad de superar el conflicto para el logro de la paz, expresado en el alto grado de votación que obtuvo Santos para ser elegido presidente y que aunque no todos los sectores en Colombia están de acuerdo en cómo debe ser ese proceso, bien fue anunciado durante la campaña presidencial, que su reto sería romper el aislamiento de Colombia respecto a América Latina y abrir nuevos espacios a los negocios con China e India, oxigenando su fachada al Mar Pacífico (o el eje-bloque Chile, Perú, Colombia y México4).

A manera de conclusión:

En ningún caso el acercamiento entre ambos gobiernos, podrá entenderse como síntoma de un cambio político en Colombia que apuntale a una reorganización de Estado que integre las propuestas de los grupos de izquierda -armados o no- al proceso de gestión gubernamental. Evidentemente las perspectivas de participación de estos grupos, tras una pacificación respetuosa, pueden alcanzar su incorporación al juego democrático mediante su organización en partidos políticos, el activismo y el liderazgo popular, sin que ello llegue a significar que no encontrarán grandes barreras en el camino.

El gobierno colombiano es claramente un gobierno de derecha que trata de crear las condiciones propicias a los negocios que apetecen los grupos oligárquicos de poder y entiende que sin un mínimo de paz social -o al menos el monopolio de la violencia- y la anulación definitiva de la insurgencia armada, el logro de esta meta sería irrealizable. Como quiera que avancen las conversaciones de paz, el mundo entero sigue reorganizándose y ante los cambios, Colombia prepara sus nuevas armas: una política exterior hacia Venezuela cargada de un cordial pragmatismo, pacificación de los factores ruidosos que afean el paisaje del capital, firma del Tratado de Libre Comercio, cooperación con EEUU en la agenda común de narcotráfico y subversión, apertura hacia China y nuevas relaciones con el resto de los países de América Latina.

Rescatando las palabras de José Alberto Pepe Mujica, presidente de Uruguay, en la reunión del 27 y 28 de enero 2013 de la CELAC en Chile, cuando expresó “tenemos que andar juntos (…) y ahora estamos dispuestos a cargar cada cual con al mochila de sus diferencias”5, hay que decir que esta aseveración encierra una profunda comprensión de la diferenciación clara entre dos bloques en América Latina: el primero, de los países con gobiernos de izquierda sin tutela de EEUU, cada vez más autónomos en sus decisiones y alianzas internacionales, y el segundo, de los países con gobiernos de derecha capaces de abandonar el estilo tradicional en el manejo de las relaciones internacionales y los conflictos fronterizos con los países vecinos, para poder adaptarse y hacer una nueva diplomacia que responda mejor a sus propios intereses. Ambos bloques son mutuamente excluyentes desde el punto de vista político, vale decir, en lo ideológico, pero frente a los cambios mundiales, se empiezan a ver unidos en la necesidad de protegerse, potenciarse y aprovechar la coyuntura para reposicionarse en la escena internacional.

Con todo y las consideraciones de orden político que acabamos de esgrimir, el asunto de fondo es que probablemente ya se agotó el papel de las guerrillas de servir de excusa para la toma del control militar del territorio colombiano y ahora es cuando esté por empezar la guerra de invasión que EEUU proyectó en América Latina desde Monroe, administrado por el Departamento de Estado y operado por el Comando Sur de EEUU.

La gracia en los gestos de Santos hacia Chávez con la reanudación de las conversaciones entre ambos gobiernos, jamás podrán tapar hechos que hablan por si solos, primero que “Existen, en la actualidad, unas veintidós bases militares de EEUUAA en Centro América, Sur América y El Caribe; pero hay otras que están en construcción y algunas en forma clandestina (de las cuales hay) siete (7) Bases militares de EEUUAA en territorio colombiano: cinco (5) bases Aéreas y dos (2) navales”6 y segundo, que de las bases militares de EEUU en América Latina y caribeña, ninguna está en Venezuela.

1Recuperado de: http://www.minci.gob.ve/2013/01/farc-presenta-nuevos-reclamos-para-propiciar-desarrollo-rural-en-colombia/

2Recuperado de: http://www.pacocol.org/index.php/noticias/2277-el-decalogo-agrario-de-las-farc

3Recuperado de: http://www.minci.gob.ve/2013/01/farc-insiste-en-la-necesidad-de-una-asamblea-constituyente-para-alcanzar-la-paz/ del comunicado leído en el Palacio de Convenciones por el delegado Marco León Calarcá, la representación de las FARC-EP, el 19/’01/2013.

4Recuperado de: http://aranandoelcieloyarandolatierra.blogspot.com/2012/03/la-gran-burguesia-latinoamericana.html

5http://www.youtube.com/watch?v=TWYZ0zrP2wE

6Recuperado de: http://falsasbanderas.wordpress.com/2012/09/07/inventario-de-las-bases-militares-de-eeuu-en-america-latina-y-caribena/, escrito por el Coronel en retiro de la Aviación Militar Bolivariana y abogado del pueblo Braulio Martínez.

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